El Alfa y la Omega

Este mensaje revela a Dios como el principio y el fin, el Padre que examina el corazón y reconoce la dedicación de sus hijos. Habla de sueños compartidos con Dios, de esfuerzo recompensado, de plantas verdes que siguen creciendo aun cuando algunas hojas se secan, y de una paz paternal que acompaña el proceso.


Yo soy el Señor —dice el Padre—.
Antes de Mí no hubo, y después de Mí no hay. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin.

En Mi corazón hay sueños y anhelos que cumpliré al verlos crecer, al verlos cada día más alto, porque han sabido escalar la montaña y Yo los he visto continuar.

Yo soy el único que examina sus corazones. Yo soy el único que los conoce de adentro hacia afuera. He visto su dedicación, he visto su esmero, y he dicho que el que siembra en buena tierra recibirá buena cosecha.

Claro que doy Mi bendición.
Soy Yo quien agiliza los procesos. Soy Yo quien mueve los papeles. Soy Yo quien cumple sus anhelos. Soy Yo quien los lleva. Soy Yo quien se mueve.

Así como ustedes ven moverse el cielo, así también Yo obro, aunque muchas veces no comprendan cómo ni cuándo lo hago.

Continúen esmerándose.
Cada trabajo tiene su recompensa. Nada de lo que hacen con amor, con obediencia y con fe queda sin fruto delante de Mí.

Apoyen a quien he puesto a su lado. Apóyense unos a otros, porque Yo los he plantado como plantas verdes.

Muchas veces hay hojas secas, pero las plantas siguen siendo verdes. Porque el que nació para reverdecer, crece. Y el que fue plantado por Mí, no se seca sin propósito.

Continúen creyendo.
Continúen esmerándose. Continúen dedicándose a lo suyo y también a lo nuestro.

Porque juntos construiremos sueños. No solo son sus sueños: también son Mis sueños. Yo los puse en su corazón, Yo los alimento, Yo los ordeno y Yo los haré florecer en su tiempo.

Mi paz les dejo.
Mi paz les doy.
Conózcanme como su Padre, porque eso soy.


Dios recuerda que Él no solo observa el esfuerzo, sino que participa en el proceso. Los sueños que nacen bajo Su voluntad no son únicamente humanos: también forman parte de Su propósito.
Por eso, el llamado es a continuar creyendo, trabajando, apoyándose y creciendo. Aunque algunas hojas se sequen, la raíz sigue viva cuando ha sido plantada por Dios.

Sigan adelante: el Padre está obrando, la cosecha viene y Su paz permanece.

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