Todavía queda mucho camino por recorrer y, precisamente por eso, no deberíamos permitir que la preocupación nos robe aquello que también forma parte del trayecto: los momentos para disfrutar, las ocasiones para ser felices, los encuentros, los afectos, los aromas, los paisajes y todas esas pequeñas cosas que Dios permite que aparezcan mientras avanzamos, ya que a veces estamos tan ocupados pensando en lo que podría suceder mañana que dejamos de vivir lo que está ocurriendo hoy, tal como enseñó Jesús:
“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán.”
Mateo 6:34
Esto no significa vivir irresponsablemente, ya que existe una clara diferencia entre preocuparse y ocuparse: mientras que preocuparse es cargar anticipadamente con problemas que quizá ni siquiera lleguen a ocurrir, ocuparse consiste en hacer con diligencia aquello que hoy está en nuestras manos y confiar a Dios lo que se escapa de nuestro control, por lo que el mensaje que sigue es una invitación a hacer precisamente eso, liberando la mente, aligerando la carga y concentrándonos en crecer.
Dice el Padre:
Mira cuánto camino todavía queda delante de ti. Hay mucho por vivir. Habrá momentos para disfrutar, momentos para reír, momentos para descansar, momentos en los que podrás contemplar aquello que antes solamente imaginabas. Hay todavía muchos afectos por recibir, muchos lugares por conocer, muchos aromas que percibir y muchas experiencias que aún no han llegado. Quiero que vivas cada una de ellas. No permitas que la preocupación te robe anticipadamente aquello que todavía no ha sucedido. Sé que no siempre resulta fácil dejar de preocuparse. Pero quiero enseñarte algo:
en lugar de preocuparte, ocúpate. Haz aquello que hoy puedes hacer. Concéntrate en aquello que está delante de ti. Trabaja, ordena, aprende. Decide cuando sea necesario decidir y aquello que todavía no puedes resolver, entrégamelo. Porque cuando estás enfocado en aquello que verdaderamente te corresponde, la preocupación comienza a perder espacio. Por eso está escrito:
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego…”
Filipenses 4:6
Quiero quitar el cansancio de tu mente. Hay cansancios que no provienen del cuerpo. Provienen de pensar demasiado. De imaginar conversaciones que todavía no han ocurrido. De intentar resolver hoy problemas de mañana. De repetir una y otra vez aquello que ya pasó. Por eso quiero hacer más liviano tu pensamiento. Quiero darte firmeza para caminar. Quiero que tus pensamientos sean ágiles, pero que tus palabras sean prudentes.
Piensa antes de responder, escucha antes de hablar y no permitas que la presión decida por ti, tal como dice la Escritura:
“Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.”
Santiago 1:19
Hay sabiduría en detenerse un momento, hay palabras que cambian cuando primero han pasado por la reflexión. Y muchas veces quien piensa dos veces termina hablando mejor.
Yo soy tu fuerza y tu fortaleza, por lo que no necesitas sostenerlo todo únicamente con tus propios recursos; cuando tu mente esté saturada, busca momentos de paz, detente, ora, respira, recuerda aquello que ya has atravesado conmigo y permite que tu pensamiento regrese a un lugar de confianza, porque:
“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.”
Salmo 46:1
Quiero que aprendas a descansar interiormente aun cuando todavía existan cosas por resolver exteriormente. La paz no siempre llega cuando desaparecen todos los problemas. Muchas veces la paz llega cuando comprendes que no tienes que cargar solo con ellos. Si pudieras contemplar cuántas veces mi mano te ha guardado, comprenderías que ha habido cuidados de los que ni siquiera llegaste a darte cuenta. Has visto algunas cosas. Pero muchas otras pasaron delante de ti sin que supieras cuánto estabas siendo protegido.
“Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre.”
Salmo 121:8
También has atravesado procesos en tu cuerpo. Momentos de cansancio. Etapas en las que necesitaste cuidados, tratamiento y recuperación. Mira con gratitud cada progreso. Cuida tu cuerpo. Atiende aquello que necesita atención y cuando el temor quiera acompañar esos procesos, no permitas que gobierne tu mente. Cuando sientas el peso de la tensión y de las cargas acumuladas, entrégamelas. No tienes que convertir cada presión en una carga permanente. Jesús dijo:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
Mateo 11:28
Déjame aquello que no puedes llevar. Yo estoy para ayudarte. Has llegado hasta aquí acompañado y puedes seguir avanzando de la misma manera. No necesitas vivir continuamente mirando hacia aquello que podría salir mal.
Concéntrate en crecer.
Mira los árboles. Ellos no pasan el día preguntándose cuánto falta para llegar más alto. No compiten con el árbol que está junto a ellos. No dejan de crecer porque ayer hubo tormenta. Echan raíces, reciben agua, buscan la luz y continúan creciendo. Así quiero que camines. Echa raíces profundas, aliméntate de aquello que te fortalece, recibe aquello que necesitas y dirige tu mirada hacia arriba. El árbol crece hacia la luz. Tú también debes aprender a mirar hacia arriba.
Cuando aparezca la preocupación, mira hacia arriba. Cuando no entiendas el camino, mira hacia arriba. Cuando las cargas parezcan demasiado grandes, mira hacia arriba. Cuando llegue una nueva oportunidad, mira hacia arriba. Cuando estés cansado, mira hacia arriba. Porque no necesitas conocer hoy cada detalle del camino que todavía falta. Solo necesitas continuar creciendo. Un día a la vez. Una decisión a la vez. Un paso a la vez. Con tus raíces firmes y tu mirada puesta en Mí. Concéntrate en crecer.
La frase final del mensaje contiene una imagen sencilla y profunda:
“Mira los árboles… ellos solo se concentran en crecer hacia arriba.”
Un árbol no crece apresuradamente. Tampoco crece todo en un solo día. Hay temporadas en las que desarrolla ramas y hojas, y otras en las que aparentemente sucede muy poco porque el crecimiento está ocurriendo debajo de la tierra, donde nadie puede verlo. También nosotros atravesamos temporadas así. Algunas veces podemos observar claramente nuestro avance. Otras veces parece que nada está cambiando. Pero crecer no siempre significa moverse rápidamente. A veces crecer significa aprender a descansar, pensar antes de hablar, dejar de intentar controlar aquello que no depende de nosotros, cuidar nuestra mente y nuestro cuerpo, aprender a disfrutar el presente y confiar un poco más que ayer.
El mensaje de Dios expresa también una distinción especialmente útil:
“El contrario de preocuparse es ocuparse.”
No se trata de ignorar nuestras responsabilidades. Se trata de atenderlas sin permitir que se conviertan en un peso mental permanente. Podemos ocuparnos de aquello que nos corresponde y entregar a Dios aquello que excede nuestras posibilidades. Pablo lo expresó de esta manera:
“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”
Filipenses 4:7
Todavía queda camino. Habrá asuntos que resolver y decisiones que tomar. Pero también habrá momentos para disfrutar, personas que amar, lugares que contemplar y razones para agradecer. No permitamos que la preocupación por el futuro nos impida reconocerlos. Como los árboles, podemos echar raíces donde estamos y seguir orientándonos hacia la luz.
Ocuparnos de lo que nos corresponde. Entregar a Dios lo que no podemos controlar. Y concentrarnos en crecer.

