Hay etapas del camino en las que avanzar se siente como subir una montaña. Cada paso requiere más esfuerzo que el anterior; el cansancio se hace presente y, mientras se asciende, muchas veces resulta difícil comprender por qué el camino tiene que ser así. Desde abajo no puede verse lo que se contempla desde la cima. La perspectiva cambia cuando se alcanza una mayor altura. Lo que antes parecía confuso comienza a tener sentido; los caminos recorridos pueden observarse desde otra posición y aquello que parecía un desvío puede descubrirse como parte de la ruta.
Dios no siempre conduce por caminos rectos. Algunas veces permite trayectos que parecen ir en zigzag, pero eso no significa que se esté retrocediendo. Puede haber curvas, pausas y pendientes pronunciadas y, sin embargo, continuar avanzando. Por eso la Escritura nos anima:
“Prosigo a la meta…”
Filipenses 3:14
Hay momentos en los que Dios no está llamando a regresar, sino a continuar subiendo.
Dice el Padre:
Te he dicho que desde la cima se mira mucho mejor. Desde arriba cambia la vista y se respira otro aire. Pero tú sabes que para subir una montaña el camino puede ser duro. Hay momentos en que el cuerpo se cansa porque la pendiente es fuerte y cada paso demanda esfuerzo. No pienses que aquello que vale la pena tiene que ser fácil. Hay cosas que requieren esfuerzo precisamente porque te están llevando hacia un lugar diferente. No es solamente que cuesten.
Es que valen la pena.
Y mientras has caminado, Yo he estado contigo. No has recorrido solo ninguno de tus caminos. Algunas veces te he llevado por caminos rectos y otras veces el recorrido ha parecido ir en zigzag. Pero aun cuando no comprendías la dirección, seguíamos avanzando. Siempre hacia adelante. Siempre hacia arriba. Porque hay caminos que parecen dar vueltas, pero continúan ascendiendo. Por eso te digo:
No mires solamente la curva del camino; mira hacia dónde te estoy llevando. Confía en Mí aun cuando no puedas comprender completamente la ruta, porque:
“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”
Proverbios 3:6
No has llegado hasta aquí para retroceder. Has visto dificultades, cansancio y momentos en los que avanzar parecía lento, pero Yo he seguido conduciendo tus pasos. Ahora no es tiempo de detenerte. Es tiempo de avanzar con nuevas fuerzas. Es tiempo de caminar con mayor determinación.
Porque aquellos que esperan en Mí renuevan sus fuerzas; levantan alas, corren y no se cansan, caminan y no se fatigan.
Isaías 40:31
Hay cosas que todavía no puedes ver desde el lugar donde estás. Hay puertas que aún no conoces. Hay lugares a los que todavía no has llegado. Hay personas que todavía no has encontrado.
Pero Yo ya conozco esos lugares. Yo ya conozco esas personas. Y también conozco los caminos que te llevarán hasta ellas. Te he dicho que aquello que he puesto en ti llegará a otros. Haré que tu nombre sea conocido donde tenga que ser conocido, no para exaltación humana, sino para que aquello que he depositado en tu vida pueda convertirse en bendición.
Te llevaré a otros lugares. Incluso a lugares que ahora ni siquiera imaginas. Por eso no necesitas saber desde hoy cómo sucederá todo.
Tú camina. Haz tu parte. Da la milla extra. Pon esfuerzo, fidelidad y perseverancia en aquello que te corresponde, y permite que Yo haga aquello que solamente Yo puedo hacer. Porque tú puedes caminar, pero Yo puedo abrir el camino. Tú puedes tocar una puerta, pero Yo puedo mover el corazón que está detrás de ella. Tú puedes sembrar, pero Yo soy quien da el crecimiento.
Como está escrito:
“Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.”
1 Corintios 3:6
No intentes mover con tus propias fuerzas aquello que solamente Yo puedo mover. Yo puedo disponer personas, circunstancias y momentos. Incluso aquellos que todavía están alejados de Mí pueden terminar participando en el cumplimiento de mis propósitos. No porque apruebe su alejamiento, sino porque mi soberanía es mayor que aquello que ellos pueden comprender.
¿No utilicé a Ciro aun cuando él todavía no me conocía, para cumplir aquello que había determinado?
Isaías 45:4-5
Hay personas a quienes he llamado y todavía no han atendido mi voz. Eso no significa que estén fuera de mi alcance. Yo sigo tratando con ellas. Yo conozco sus tiempos, sus decisiones y el lugar que pueden ocupar dentro de mis planes. Por eso no cargues con aquello que me corresponde a Mí. No intentes controlar a las personas. No intentes organizar todas las circunstancias. No necesitas conocer cada pieza antes de continuar caminando.
Dedícate a lo que he puesto delante de ti.
Camina. Bendice. Sé también receptivo a la bendición. Permanece fiel. Continúa avanzando. Porque mientras tú ves solamente el siguiente paso, Yo puedo contemplar todo el camino.
Y llegará el momento en que mirarás desde más arriba y comprenderás cosas que hoy todavía no entiendes. Entonces podrás mirar hacia atrás y descubrir que aquella curva no era un retroceso. Que aquel esfuerzo no había sido inútil. Que aquella pendiente tenía una razón. Y que incluso cuando sentías que avanzabas lentamente, estabas subiendo. Por eso sigue. No retrocedas. Hay todavía más camino delante de ti. Y desde la cima comprenderás por qué valió la pena subir.
No todo camino difícil significa que estamos en el lugar equivocado. Algunas veces la dificultad proviene precisamente de estar ascendiendo. Cuando se sube una montaña, avanzar cien metros exige mucho más que recorrer la misma distancia en terreno plano. El cansancio aumenta, el ritmo puede disminuir y el camino puede volverse irregular. Sin embargo, cada paso permite alcanzar una perspectiva diferente.
Así sucede también en muchos procesos de la vida espiritual. Tal vez hoy solamente podamos contemplar la pendiente que tenemos delante. Dios, en cambio, contempla el camino completo. Por eso no debemos interpretar cada curva como un retroceso ni cada dificultad como una señal para abandonar. Pablo expresó esta actitud cuando escribió:
“Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta.”
Filipenses 3:13-14
Nuestra responsabilidad es continuar caminando con fidelidad. Hay cosas que podemos hacer: prepararnos, esforzarnos, servir, sembrar, bendecir y dar la milla extra. Pero existen otras que solamente Dios puede hacer: abrir determinadas puertas, mover circunstancias, conectar personas y hacer fructificar aquello que sembramos.
Aprender esa diferencia también forma parte de la subida. Quizá todavía no podemos ver el panorama completo. Pero podemos seguir dando el siguiente paso. Porque desde la cima se mira mucho mejor.

