La oración es la llave que abre todas las puertas

Uno de los privilegios más grandes que los creyentes tienen en su intento de vivir una vida cristiana es la oración. La oración es simplemente comunicarse con Dios a través de nuestros pensamientos y palabras. Cuando oramos sinceramente, estamos hablando directamente y personalmente con nuestro Padre en el cielo que siempre nos escucha. No tenemos que usar palabras especiales o «fórmulas» o un tono especial de voz, sino simplemente y sinceramente llevar nuestros más profundos sentimientos y deseos directamente a Dios.  

Aunque Dios es mucho más grande que nosotros, podemos hablar con él en cualquier momento acerca de cualquier cosa.  No tenemos que hacer una reserva para hablar con él, no tenemos que ir a un sitio especial para encontrarlo, y tampoco tenemos que usar palabras especiales o un tono de voz especial cuando hablamos con él.  Solamente necesitamos un deseo humilde y sincero de llevar delante de Dios nuestros sentimientos y deseos más profundos. A través de la oración expresamos nuestras necesidades, confesamos nuestros pecados, llevamos nuestro agradecimiento, y disfrutamos de la comunión con Aquel que nos ha creado y nos ha salvado y nos ama.

La Biblia con frecuencia nos anima y nos manda a orar.  Dios ha proveído la oración como puerta a una relación cercana y preciosa consigo y ha prometido escuchar y contestar nuestras oraciones. 

La oración continua, persistente e incesante es parte esencial de la vida cristiana y fluye de la dependencia de Dios. Cuando dejamos la esfera de las actividades y tratos externos con otras personas, y estamos a solas con Dios, es cuando realmente sabemos dónde nos encontramos en el sentido espiritual.

Orar en todo tiempo no es caminar todo el día caminando con las manos juntas, la cabeza inclinada, y los ojos cerrados, chocando con todo. Orar en todo tiempo no significa que tengamos que orar de maneras formales o notorias cada minuto que estemos despiertos. La oración es apropiada en cualquier momento, cualquier postura, cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia y con cualquier atuendo. Debe ser una manera de vivir completa, una comunión abierta y continua con Dios.

Orar en el Espíritu es orar en el nombre de Cristo, esto es, orar de acuerdo a su naturaleza y voluntad. Orar en el Espíritu es orar en completo acuerdo con el Espíritu, quien «nos ayuda en nuestras debilidades; porque cómo debiéramos orar, no lo sabemos; pero el Espíritu mismo intercede con gemidos indecibles. A medida que su vida se llene con el Espíritu (Efe. 5: 18) Y camine en obediencia a él, él gobernará sus pensamientos para que sus oraciones estén en armonía con las de él. A medida que se somete al Espíritu Santo, obedece su Palabra y depende de su guía y fortaleza, usted será atraído a tener una comunión cercana y profunda con el Padre y el Hijo.

Carlos Montoya

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