Detente por un momento y vuelve tu rostro hacia Mí, porque esta semana no la he puesto delante de ti para que pase como cualquier otra. Esta es una semana para recordar, para contemplar, para volver a mirar el precio del amor con el que te he amado.
No quiero que solo mires la cruz como un símbolo, quiero que la mires como una puerta. No quiero que solo recuerdes mi dolor, quiero que entiendas mi entrega. No quiero que solo hables de mi resurrección, quiero que vivas en el poder de ella.
Porque muchos recuerdan mi sacrificio, pero pocos se rinden a mi voluntad. Muchos mencionan mi nombre, pero pocos se detienen a escuchar mi voz. Muchos saben que di mi vida, pero no todos han comprendido que lo hice para acercarte al Padre, para limpiarte, para restaurarte y para darte vida nueva.
Esta semana te llamo a volver al lugar del primer amor. Te llamo a dejar el ruido, a dejar la prisa, a dejar aquello que endurece tu corazón. Te llamo a contemplar mis heridas y a recordar que por amor llevé lo que no te correspondía cargar.
Yo tomé tu culpa.
Yo tomé tu dolor.
Yo tomé tu condena.
Y donde había distancia, puse reconciliación.
No vivas esta semana como costumbre. No la vivas como tradición vacía. Vívela como un llamado del cielo. Porque sigo buscando corazones sensibles, corazones agradecidos, corazones que entiendan que mi sangre no fue derramada en vano.
Si te sientes cansado, ven a Mí.
Si te sientes frío, ven a Mí.
Si te has alejado, ven a Mí.
Si tu alma ha estado distraída, vuelve a Mí.
Porque no cerré mis brazos en la cruz, los abrí para recibirte.
Esta semana quiero quitar cargas de tu interior.
Quiero sanar memorias.
Quiero romper culpas.
Quiero devolver sensibilidad a tu espíritu.
Quiero recordarte que la cruz no fue derrota, fue victoria; y que el sepulcro no fue final, fue anuncio de resurrección.
Así que no mires solo el sufrimiento; mira también la gloria. No mires solo la entrega; mira también la esperanza. No mires solo la muerte; mira la vida que brotó después.
Porque Yo soy el Cordero, pero también soy el Rey.
Yo soy el que murió, pero también soy el que resucitó.
Yo soy el que fue herido, pero también soy el que sana.
Yo soy el que se entregó, pero también soy el que vuelve a levantar.
En esta semana, vuelve a sentarte a mis pies.
Vuelve a escuchar mi voz.
Vuelve a agradecer con profundidad.
Vuelve a ordenar tu corazón.
Y deja que mi amor te encuentre otra vez.
Porque esta semana no es solo para recordar lo que hice. Es para dejar que Yo haga algo nuevo en ti.
“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”
— Isaías 53:5

