La historia de Elcana, Ana y Penina, tal como se narra en los libros de Samuel, es un relato profundamente humano que revela las complejidades del amor, la fe y las relaciones familiares en el contexto del antiguo Israel. En una época donde la poligamia era una práctica común, aunque limitada por factores económicos, la familia de Elcana se presenta como un ejemplo de los desafíos y tensiones que esta práctica podía generar, ya que al tener 2 mujeres lo único que provocaba era dolor entre ellas.

Elcana (significa Dios ha creado), el esposo de Ana y Penina, se destaca por su amor y devoción hacia Ana, a pesar de su incapacidad para concebir. Esta esterilidad de Ana no era solo una fuente de dolor personal, sino también de estigma social en una sociedad que valoraba altamente la maternidad. Sin embargo, el amor de Elcana hacia Ana permanecía firme, una muestra de afecto y apoyo en una situación difícil.
La decisión de Elcana de tener dos esposas, sin embargo, no estuvo exenta de consecuencias. Creó un ambiente de tensión y conflicto, especialmente evidente en la relación entre Ana y Penina. Penina, que podía tener hijos, a menudo provocaba y humillaba a Ana por su esterilidad, aumentando su dolor y sufrimiento. Estos problemas familiares pusieron a prueba la fe y el carácter de ambas mujeres, con Ana emergiendo como un ejemplo de paciencia y perseverancia, es decir, superando la prueba.
La historia alcanza un punto de inflexión con la oración desesperada pero llena de fe de Ana. Su petición a Dios no solo era por un hijo, sino también por un alivio a su sufrimiento y vergüenza. La respuesta divina a esta oración —el nacimiento de Samuel— no solo marcó el fin de la esterilidad de Ana, sino que también trajo consigo una promesa cumplida. Ana, en un acto de fe y gratitud, entregó a Samuel al servicio de Dios, cumpliendo su promesa y demostrando una devoción y un compromiso excepcionales.
La historia de Elcana, Ana y Penina es un relato conmovedor que aborda temas universales como el amor incondicional, la fe ante la adversidad y el poder de la promesa y el compromiso. A través de sus experiencias, se nos recuerda que, incluso en las circunstancias más desafiantes, la fe puede encontrar una manera de florecer y traer esperanza y renovación.
«Ella, profundamente angustiada, oró al Señor y lloró amargamente.» 1 Samuel 1:10
Este párrafo fue tomado del libro Tiempos de Dios: espera y fe, un recorrido por los libros de Samuel. Puedes adquirir tu copia en el siguiente link:
Tiempos de Dios: espera y fe, un recorrido por los libros de Samuel
