Dios nos amó primero

1 Juan 4:19: «Nosotros lo amamos porque él nos amó primero». Es una reflexión sobre la naturaleza del amor divino y cómo el amor de Dios hacia la humanidad motiva y precede al amor humano hacia Dios. Nuestro amor hacia Dios es una respuesta al amor que Él ya nos ha mostrado. Este versículo a menudo se utiliza en contextos teológicos para discutir la relación entre el amor divino y el amor humano, y cómo el primero inspira y da forma al segundo.

El amor, esa emoción tan compleja y omnipresente en nuestras vidas, tiene un origen profundo y esencial: Dios. Pero, ¿cómo influye ese amor divino en nuestra capacidad de amar a otros? Y, ¿cómo reflejamos ese amor en nuestra cotidianidad?

En 1 Juan 4:8, encontramos una afirmación poderosa: «El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.» Esta no es una mera descripción; es la esencia misma de quién es Dios. Cada vez que amamos, de alguna manera, conectamos con esa esencia divina.

La Biblia nos relata en Juan 3:16: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» Antes de que pudiéramos comprender el amor, Dios ya nos estaba mostrando su magnitud.

El amor no es unidireccional. Según 1 Juan 4:19: «Nosotros lo amamos porque él nos amó primero.» Reconocer este amor inicial de Dios es fundamental para entender nuestra capacidad de amar y ser amados.

No estamos solos en este viaje. 1 Juan 4:11 nos recuerda: «Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.» Este amor que Dios nos ha mostrado está destinado a ser compartido y multiplicado entre nosotros.

La guía viene de Jesús en Juan 15:12: «Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.» No es simplemente amar, sino amar con la profundidad, intensidad y sinceridad con la que Jesús nos ama.

El amor trasciende las palabras y las emociones. Es una acción, una decisión diaria que tomamos. Dios, en su infinita sabiduría y gracia, nos amó primero. Y al entender y aceptar ese amor, tenemos el privilegio y la responsabilidad de reflejarlo y compartirlo en nuestras vidas. Que cada día podamos ser más conscientes de ese amor y, sobre todo, actuar en consecuencia. ¡Que tu vida sea un reflejo del amor verdadero!

Deja un comentario